días para el Domingo de Resurrección

Niño Jesús Perdido

La imagen del Niño Jesús Perdido que junto a la efigie de San José preside el segundo retablo colateral ubicado en la nave del Evangelio del templo guillenero, es una obra anónima de escuela sevillana que debemos fechar en la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que fue ejecutado el retablo donde ambas reciben culto. Concretamente su ejecución debió materializarse entre los años 1764 y 1769, cronología que se desprende de la inscripción conservada en la zona superior del sotobanco o ara de altar del referido retablo, que reza del siguiente modo; «Este retablo se hizo a devoción y celo del Señor Bartolomé García y otros devotos. Se empezó el año de 1764 y se acabó el de 1769». Se trata de una imagen de madera estofada y policromada que en origen poseía el cuerpo de telas encoladas, hasta que fue sustituido por uno nuevo tallado en madera por el imaginero natural de la vecina localidad de Alcalá del Río, Francisco Velasco Barahona, autor material de la restauración llevada a cabo en 1965, que consistió básicamente en la reposición de un nuevo cuerpo realizado en madera y ornamentado con motivos florales, la ejecución de una nueva base o peana solidaria a la escultura y la limpieza y restauración de la cabeza, manos y pies.

 

El Divino Infante porta en su mano derecha un cetro florido de plata y sobre sus sienes luce potencias argénteas, elementos que muy posiblemente fueron incorporados a raíz de su restauración en 1965. Iconográficamente responde al prototipo del Dulce Nombre de Jesús, constituyendo una clara variante de la imagen que el insigne Juan Martínez Montañés gubiara en 1606 con destino a la Cofradía Sacramental de la Parroquia del Sagrario de la ciudad de Sevilla. En estos momentos y desde cierto tiempo atrás, la aparición de nuevas hermandades y cofradías entorno a la advocación del Dulce Nombre de Jesús en el ámbito del antiguo Reino de Sevilla, es un hecho prolíficamente constatado. Diseñada y ejecutada específicamente para componer escena con la imagen de San José, obra anónima sevillana del siglo XVI profundamente restaurada durante la segunda mitad del XVIII, presenta la mano alzada en actitud de acompañar al esposo de María, en vez de presentarla en actitud de bendecir como sucede en la ejecutada por el genial maestro jiennense. Existen otros grupos escultóricos ejecutados en el siglo XVIII muy similares, ubicados en el entorno geográfico más próximo que prueban el éxito popular de esta iconografía; un claro ejemplo es el que se conserva en la Parroquia de la vecina localidad de La Algaba, ejecutado por Bartolomé García de Santiago entre los años 1725-1734 aproximadamente, con destino a la hornacina principal del retablo mayor, emplazamiento que dejó de ocupar a raíz de la restauración del conjunto que tuvo lugar a mediados del siglo XX, momento en que ambas imágenes fueron sustituida por la efigie de la Virgen de las Nieves que antaño presidía el extinto Hospital de la Caridad existente en la localidad.

Con frecuencia y motivados tal vez por los rasgos un tanto andróginos de la obra, en tiempos pasados se especuló sobre la posibilidad de que ambas imágenes correspondiesen a la iconografía a San Joaquín y la Virgen Niña. Actualmente debemos desestimar esta conjetura, pues carece de rigor científico y se desmorona por su propio peso si atendemos a las fuentes documentales. Es un hecho probado que la imagen de San José fue venerada bajo esta advocación desde bastante tiempo atrás. A este tenor, sabemos que en 1699 se contrataba con el ensamblador y retablista sevillano Marcos Yepes, la reparación del antiguo retablo donde se veneraba la imagen, y así queda recogido en uno de los libros de fábrica de la parroquia; «Primeramente zien reales que pagó el mayordomo a Marcos de Yepes, maestro sanblador, por los mismos en que se ajustó el rettablo de San Joseph, ajustarlo y componerle algunas piezas. Constó de su reziuo en 25 de octtubre de 1699.»

Por otra parte, Juan Blanco Márquez, mayordomo de la fábrica parroquial, alude a la existencia de la imagen de San José cuando da cuenta de los gastos ocasionados entre 1725 y 1727, afirmando haber gastado una partida de 128 reales de vellón en desmontar el viejo retablo mayor renacentista y preparar el asiento del nuevo, momento en«que también se realizaron otros pequeños reparos en el templo; “Ytten cientto y veintte y quattro reales que se pagaron a Joseph Gutiérrez, maestro aluañil de la ziudad de Seuilla, los 116 por ocho días que se ocupó con vn peón en desuarattar el alttar maior y boluerlo a hazer, para senttar el nueuo retablo, solar el suelo y remendar las gradas y los pilares de los alttares del Señor San Joseph y Nuestra Señora del Pópulo. Y los 8 resttanttes de medio cahiz de cal que se trajo de Seuilla incluso el portte. Dio reciuo firmado por testtigo de Seuasttián Marttínez, en cuia canttidad no se yncluien quattro reales, que costtó el portte de dicha cal y pagó el mayordomo a Pedro Romero, y todo ymporta cientto y veinte y ocho reales.»